Cerrar el oído al poema
ajeno que canta siempre
para que el mundo brille
abrir la mano del dolor
para que escriba la voz
propia que nunca dice
qué solos estamos
sabiendo en sombras
de un estupor
que aletarga
las alas
caen
Cerrar el oído al poema
ajeno que canta siempre
para que el mundo brille
abrir la mano del dolor
para que escriba la voz
propia que nunca dice
qué solos estamos
sabiendo en sombras
de un estupor
que aletarga
las alas
caen
Recorre con las llemas las heridas
como un suave milagro milenario
y sigue el curso en viaje por la vida
las prende con un roce que es de espanto
recorre con las llemas las heridas
con ojos entornados por la culpa
de un tatuaje mortuorio del horror
recorre con las llemas las heridas
lucha contra el llamado de la mufa
venciendo nuevamente a su dolor